Yoga. Uno de los seis sistemas filosóficos ortodoxos surgidos en la India, siendo su aplicación práctica la de mayor relevancia para la mayor parte de sus practicantes.
La práctica de Yoga está tradicionalmente dividida en ocho etapas, y algunos así la llevan a cabo. Para otros, como en el caso de la Hatha Yoga, la búsqueda de una salud física y mental es lo más importante y son estas el fín último.
La Yoga es un regalo que tiene siglos desarrollándose. Un regalo de la humanidad para la humanidad. Es demasiado grande, como muchas otras tradiciones milenarias y obras humanas, como para ser contenida por las manos de unos cuantos.
Dejando a un lado los elementos religiosos unidos a la Yoga, los cuales pueden hacer que algunos se acerquen a ella mientras otros hacen lo opuesto, la realidad es que la Yoga es una práctica sagrada porque no pertenece a nadie y al mismo tiempo, paradójicamente, pertenece a todos. Por esto mismo, como cualquier otra práctica, quien trata de contenerla termina por perderla alienándose de la misma.
Hablando de la GFU en general, y al culto al hombre conocido como José Rafael Estrada Valero, se puede ver ya su separación de la tradición Yogui al dejar a un lado las dos primeras etapas de la formación yógica. Aquellas cuya intención es fortalecer la ética del practicante:Yama y Niyama. La primera denota abstenerse de causar daño, de mentir, de entregarse al deseo y a la avaricia. La segunda habla de mantenerse limpio en cuerpo y mente, de austeridad y de devoción a Dios, no a sí mismo.
Estas dos etapas de la formación del Yogui son fundamentales. Quien habla entonces de Samadhi, la supuesta última etapa de desarrollo en Yoga tradicional, pero hace a un lado al Yama y al Niyama, no ha realmente alcanzado la etapa de Samadhi porque se mantiene unido a lo material, al deseo de ser llamado glorioso, maestre, avatar, a la necesidad de dañar a otros desprestigiándolos, a mentir para captar adeptos, a entregarse a la avaricia limitando el derecho que tiene la gente de difundir una disciplina que no pertenece a ninguna institución sino a la humanidad.
Para finalizar este artículo, haré mención específica de mi intención al escribirlo. La GFU, particularmente la GFU De Rafael Estrada Valero, parece considerar a la Yoga como de su propiedad. Me explicaré para quienes sean profanos o todavía no están en el camino de la iniciación en este culto. Quienes han sido iniciados ya lo saben y quizá no estén de acuerdo con esta actitud de un culto que presume de ser una luz para toda la humanidad.
Esto es lo que sucede: Si eres miembro de la Suprema Orden de Aquarius de Rafael Estrada tienes prohibido dar clases de Yoga fuera de sus Institutos de Desarrollo Humano. No importa si aprendiste Yoga dentro de alguno de ellos o si lo aprendiste en otro lugar: La pertenencia a este culto te obliga oficialmente a no compartir tus conocimientos de esta disciplina fuera de sus instalaciones, indistintamente de donde los aprendiste.
Algunos estarán a favor de esta política cultocentrista, después de todo la primera virtud que se aprende como iniciado es el servicio. Claro que es un servicio enfocado al culto y a sus líderes pero ¿que sucede con el servicio al resto de la sociedad? ¿Qué no cuentan los de afuera? ¿Dónde queda el derecho de cada individuo, miembro de un culto o no, de llevar a cabo la libre empresa utilizando los conocimientos que ellos, nadie más, han logrado obtener con una inversión de tiempo, dinero y esfuerzo?
Los profanos tienen necesidad, especialmente en estos tiempos, de disciplinas con tanto potencial de dar bienestar físico y mental como es la Yoga. Y hay practicantes de la misma quienes, por necesidad o por gusto, tienen el interés y la capacidad para enseñarlo por su cuenta para obtener ingresos económicos – estos últimos siendo algo que, en tiempo de una crisis económica mundial, a todos nos cae bien. El separar a un necesitado de quien pueda proveer esa necesidad es irresponsable e indigno de cualquier grupo que pretenda desarrollar la espiritualidad humana.
Promover que la gente solamente enseñe en determinado lugar para beneficio del mismo se llama egoísmo. El no compartir conocimientos con gente ajena a determinado grupo, o restringir la enseñanza a cierto lugar puede ser definido como avaricia. Prohibir a la gente que haga lo que puede hacer para su beneficio y el de otros es abuso, así como lo es controlar la enseñanza de una disciplina que es, en realidad, patrimonio de la humanidad.
Es comprensible que un maestro o institución que enseñe Yoga, o la disciplina que sea, limite a sus alumnos mientras ellos no estén preparados para difundirla ellos mismos como instructores o maestros. Nadie quiere “instructores” que después de estudiar Yoga un mes ya estén dando clase, o “maestros” que se van al Tibet 30 días para después deci haber experimentado el Samadhi.
Podría alegarse correctamente que llega un momento en el que se debe dejar a los alumnos seguir su propio camino, o no podrán desarrollarse completamente como instructores, maestros, o sencillamente como personas.
En este caso, sin embargo, el objetivo de limitar la enseñanza de Yoga por parte de los instructores a los institutos de desarrollo humano no es porque la llamada Suprema Orden de Aquarius, en un acto de sobreprotección alimentada por amor, quiera mantener a sus amados hijos bajo su manto protector. Por el contrario, lejos de ser amoroso, el fin es mantener el control sobre los recursos y experiencia de sus adeptos.
Al hacer esto, se logran enfocar los ingresos económicos que puedan generar los miembros de este grupo hacia la institución. Esto es un objetivo ilegítimo (contrario a la filosofía yóguica) y, por lo tanto, no debe sentirse culpabilidad alguna al enseñar fuera de la misma lo que con esfuerzo y tiempo se ha aprendido.
Si la institución no los avala, a pesar de que su dominio del Yoga es claro y reconocido, es su decisión y tienen derecho de no hacerlo. Pero el resto de la sociedad habla por sí misma y avala felizmente a quien la beneficie con su experiencia.
Si la institución no solo no avala sus actividades fuera de la misma sino que los sanciona por no seguir las reglas de la casa, es la institución la que tiene problemas no ustedes.
Y no se preocupen. Están en una buena posición para discutir sus términos. Es la Institución, la Orden, la Gran Fraternidad la que necesita de ustedes, y no al revés.


