Falacias Ad Hominem

Existe una clara tendencia, por parte de detractores de este blog, a expresarse con falacias ad hominem para defender lo que no puede defenderse. En vez de debatir las posturas presentadas en este blog por mí, y por otros quienes se han expresado de manera similar, nos atacan llamándonos “insatisfechos, dolidos, fanáticos, intolerantes, inquisidores, malas personas, narcisistas y cerrados” y, por lo tanto, nuestra postura es necesariamente inválida.

Y lo mismo con la Iglesia: de alguna manera, la suciedad que existe dentro de ella (sacerdotes pederastas, etc.), mágicamente invalida los argumentos expresados por la misma y por el libro que esta considera sagrado.

La falacia ad hominem es un recurso para quienes no tienen verdaderos argumentos. Se trata de poner en duda la validez de una opinión atacando a quien la expresa, no a la opinión en sí.

Extrañamente, nadie ha dicho nada acerca de los argumentos psicológicos, los cuales fueron los primeros presentados en este blog. Ni siquiera se tiene que ser creyente para darse cuenta de que algo no está del todo bien en sociedades como las que se discuten aquí.

Quiero aclarar que no es mi intención sugerir que quienes no estén de acuerdo con lo expresado en este blog son unos tontos. Al contrario, muchos miembros de cultos son extremadamente inteligentes y tienen mucho que dar: Algo de gran utilidad para las organizaciones cultistas que los retienen. Pero también es cierto que, al involucrarnos con grupos así, estamos sujetos a una manipulación emocional que debilita la razón.

La mente emocional y la mente racional están hechas para trabajar en conjunto. No elijamos una en favor de la otra.

Gracias a Dios por un corazón que nos hace sentir. Pero gracias también porque tenemos uso de razón, un regalo que no debemos menospreciar.

El “negocio redondo” del Vaticano

El Vaticano. Una “enorme” ciudad-estado de 0.44 kilómetros cuadrados. Cuando uno medita sobre el estado actual del Vaticano uno no puede pasar por alto que en la antigüedad existían los denominados Estados Papales, los cuales eran un indicativo del enorme poder que había logrado la Iglesia Católica en tiempos pasados. Ahora la Iglesia Católica tiene como sede una pequeña ciudad con una población de poco más de 5000 habitantes, de los cuales 3000 de hecho viven fuera de la ciudad.

Siendo la sede de la Iglesia católica en el mundo, en 2001 el Vaticano recibió ingresos por 173 millones de dólares. Lástima que, en ocasiones, sus gastos rebasan sus ingresos: En ese mismo año, la ciudad en cuestión tuvo egresos por 176.6 millones de dólares americanos. ¿Negocio redondo? Lo dudo.

Ah, pero ¿qué con todas esas obras de arte que el Vaticano guarda en su museo? ¿Y qué con las propiedades que la Iglesia posée? ¿Por qué no se venden y el dinero se reparte entre toda la gente necesitada del mundo? Antes de tomar una decisión apresurada, analicemos cuanto dinero se necesitaría y cuanta gente necesitada hay en el mundo.

A la hora en que escribí este artículo, habían alrededor de 6,775.000,000 (seis mil setecientos setenta y cuatro millones) de personas. De ese número,aproximadamente 3,150.000,000 viven en pobreza extrema a moderada (Banco Mundial, 2005).

Si consideramos que, quizá, las propiedades y obras de arte de la Iglesia Católica tuvieran un valor en conjunto de unos 1500 millones de dólares, el venderlas permitiría darles unos 2 dolaritos a cada persona pobre en el mundo y se acabó. No solo ya no habrían templos que hicieran honor a Dios, las obras de arte, las cuales actualmente sirven como medios de fortalecimiento de la fe, entonces quedarían en manos de coleccionistas privados y no serían de beneficio para nadie más. La pobreza, mientras tanto, seguiría existiendo como siempre.

¿Pero cómo se explica el “lujo” y “despilfarro” que demuestra la Iglesia? ¿Cómo se explican los nexos de la Iglesia con grupos de gente poderosa, algunos de los cuales quizá no sean ciudadanos ejemplares? No voy a mentir diciendo que todos los miembros de la Iglesia Católica son unos santos ejemplos de vida. Pero no se puede criticar a una Iglesia entera por la vida que lleven algunos quienes no siguen las normas de la misma.

Si se estudia lo que representa la tradición católica se puede ver que no tiene fallas. Las fallas son de aquellos quienes, diciéndose miembros de la Iglesia, incurren en las mismas. La Iglesa sin duda ha llegado a incurrir en errores graves a lo largo de su historia y ha sufrido por las mismas. Un ejemplo claro es el protestantismo que surgió quizás como una legítima defensa del dogma cristiano.

El cuerpo de la Iglesia es humano y en ocasiones habrán quienes, a pesar de formar oficialmente parte de la Iglesia Católica, no sigan las enseñanzas del dogma católico y es que siempre habrá una mosca en la sopa que alguien alegremente magnificará al grado de cucaracha gigante de madagascar.

Pero el decir que la Iglesia Católica es “rica”, es un error. El sugerir que el Vaticano tiene “millones” guardados en el banco, es hablar sin fundamento. La Iglesia, como he presentado, tiene gastos que equiparan sus ingresos. Y no gastan dinero en cosas supérfluas: El Vaticano no tiene un avión como personas y familias verdaderamente millonarias, los rentan para viajar o, en caso de una visita papal por ejemplo, el país anfitrión ofrece proporcionar uno para el viaje.

Es cierto, el Papa vive de manera cómoda. Pero es un anciano que ha trabajado mucho por la Iglesia y que continúa haciéndolo: es un trabajo difícil. Nuestro Papa necesita vivir en un entorno sano, con un buen médico, con una cama cómoda y necesita ser protegido cuando sale porque puede haber algún loco que lo quiera matar.

La Iglesia Católica tiene muy bellos templos alrededor del mundo, los cuales claro que tienen mucho valor. Pero en general fueron construidas no tanto con dinero sino por el esfuerzo de sus fieles. Algunas iglesias fueron construidas a lo largo de generaciones: La catedral de Colonia, en Alemania, fue construida en un plazo de 700 años.

El “negocio redondo” del Vaticano no parece ser tan redondo. En 1999, al no tener dinero para llevar a cabo una muy necesitada restauración de los frescos bajo el techo de la Capilla Sixtina, el Vaticano permitió que una compañía japonesa aportara 4.2 millones de dólares a cambio de los derechos de fotografiar y filmar los mismos. El techo de la capilla es ahora, prácticamente, propiedad de la Nippon Television Network Corporation.

Si bien es cierto que la Iglesia tiene propiedades y obras de arte, estas son en realidad propiedad de sus fieles, incluso son propiedad pública porque todo el mundo las puede admirar. El dinero obtenido de visitar, por ejemplo, el museo del Vaticano o de comprar souvenirs no va hacia un “negocio redondo” sino que va a la manutención de una Iglesia fuerte que pueda atender las necesidades de la gente quienes necesitan agua, comida, atención médica y, por supuesto, conocer a Dios.

Cabe mencionar que la Iglesia Católica sí tiene un tesoro muy grande, un tesoro conocido como la Tesorería de la Iglesia la cual contiene los méritos de Cristo ante Dios, así como 2000 años de oraciones por parte de los fieles de la Iglesia.

En ese sentido la Iglesia Católica es riquísima y sus fieles creemos que, por los puros méritos de Cristo, su riqueza es de valor infinito. Sin embargo, siento decir que el poder económico de la Iglesia dista mucho de ser de la magnitud que sus críticos le atribuyen.

Iglesia Católica: ¿un culto?

Este artículo es uno que había querido escribir desde hace bastante tiempo. No me parecía justo criticar doctrinas peligrosas, las doctrinas cúlticas, cuando la tradición que yo mismo sigo es considerada por algunos como otro culto más. Dirían algunos, el culto más grande y antiguo en existencia: La Iglesia Católica Apostólica Romana.

Debo aclarar que lo que escribo a continuación no es producto nada más de mí razonamiento. Al escribir este artículo, me basé fuertemente en un artículo publicado por el Instituto de Investigación Cristiana (Christian Research Institute) fundado por el difunto Dr. Walter Martin, al cual doy el crédito que ciertamente merece.

Daré entonces, a continuación, 10 razones por las cuales desde los puntos de vista teológico, sociológico e incluso histórico la Iglesia Católica no es un culto, ni anticristiano ni de ningún otro tipo.

  1. Los cultos, generalmente, son pequeños grupos separatistas de origen relativamente recientes. Algunos cultos son grupos que se separaron de algún grupo cristiano, por ejemplo. El mismo catolicismo comenzó siendo una secta del judaísmo. Pero el catolicismo es, actualmente, el grupo cristiano más grande teniendo ya una historia de 2000 años, y es el árbol eclesiástico del cual el protestantismo se originó.

  2. Los cultos son generalmente formados, moldeados y controlados por un único individuo o grupo pequeño. En contraste, la Iglesia Católica ha sido moldeada por un número incalculable de personas a lo largo de su extensa historia. El catolicismo es guiado por credos, consejos y por el magisterio en curso.

  3. Los cultos típicamente ejercen un rígido control sobre sus miembros, a quienes les exigen sumisión. La desobediencia es en ocasiones castigada con rechazo o excomunión. Aunque el catolicismo ha llegado en el pasado a ejercer un control malsano sobre sus miembros, la realidad es diferente ahora y en especial a raíz del Concilio Vaticano Segundo. Este último es reconocido por muchos como un paso adelante en la evolución del catolicismo.

  4. Una definición de culto es “un grupo religioso originado como una secta heterodoxa y que mantiene un ferviente compromiso con dicha herejía”. Sin embargo, aunque el catolicismo sea objeto de crítica e incluso si algunos pudieran considerar que su tradición cae en la herejía en algunos puntos, la Iglesia Católica no cabe en la anterior descripción: Su origen no fue herético. Además, posee una ortodoxia estructural que los verdaderos cultos sencillamente no tienen.

  5. Los cultos pueden ser clasificados, entonces, como sectas herejes puesto que claramente niegan o rechazan la esencia de la doctrina cristiana. Histórica y principalmente ha sido la negación de la naturaleza trinitaria de Dios, de la naturaleza enteramente divina y enteramente humana de Cristo así como de la absoluta necesidad de la gracia divina para la salvación.

    A pesar de que las iglesias protestantes han acusado al catolicismo de tener una autoridad ilegítima y de malinterpretar el evangelio, la Iglesia Católica sí reconoce a la Trinidad, a las dos naturalezas de Cristo, y que la salvación es un regalo obtenido por la gracia de Dios.

  6. Los cultos frecuentemente tienen una opinión reducida de la Biblia, equiparándola, o incluso reemplazándola, con sus propios “textos sagrados”. De hecho, los cultos suelen decir que la Biblia ha sido corrompida y por lo tanto sus escritos son necesarios para restaurar la verdad.

    Aunque el catolicismo entra en conflicto con las iglesias protestantes por su aceptación de los libros deuterocanónicos y por colocar la tradición apostólica a la par con la Biblia, la Iglesia Católica sigue teniendo una altísima opinión de la Biblia, considerada como infalible e inspirada por Dios, y la ve como su fuente principal de revelación divina.

  7. Los cultos suelen tener algún tipo de líder o profeta autoritario y totalitario. Aunque algunos creen que el Papa pertenece a esta categoría, la realidad es que el Papa gobierna a la Iglesia con una alta dependencia sobre los obispos (el colegio de cardenales) y dentro de las restricciones de la enseñanza oficial de la Iglesia. Los protestantes están en claro desacuerdo con la autoridad y los títulos dados al Papa, pero de todas formas este último no cabe en la categoría de líder cultista.

  8. Una frecuente característica de los cultos es que afirman ser los agentes exclusivos de Dios para restaurar la “auténtica fe”, la cual ha sido corrompida, perdida, o escondida. Usualmente este tipo de restauracionismo conlleva una perspectiva que va en contra de credos y en contra de la historia. Aunque el catolicismo en momentos ha sido culpable de buscar exclusividad (así como algunas otras iglesias), la Iglesia Católica fuertemente niega el restauracionismo y pone énfasis en la continuidad de la iglesia de Dios a través de su historia.

  9. Aquellos que clasifican a la Iglesia Católica Apostólica Romana como un culto generalmente también le dan la misma clasificación a la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa. De lo que no se dan cuenta es de que, si ambos cuerpos religiosos fueran cultos no cristianos, quiere decir que no hubiera habido una auténtica iglesia cristiana durante la mayor parte del período medieval. No había ninguna iglesia independiente y creyente de la bibla escondida durante dicho período. Además, los grupos separatistas existentes en ese tiempo eran contundentemente heréticos.

    En contra de esta postura, algunos dirían que mientras existieran unos cuantos individuos quienes permanecieran bíblicamente ortodoxos fuera de la iglesia organizada, entonces esos individuos podrían ser considerados como la auténtica iglesia de Dios.

    Sin embargo, esto no es enteramente correcto. La iglesia es más que un grupo de personas creyentes, es también una institución a través de la cual los creyentes reciben la palabra de Dios y los sacramentos. Intentar separar la organización eclesiástica de lo espiritual es como negarle a la gente el paso por un puente peatonal que pasa sobre una calle muy transitada y decirles: “Crucen la calle como puedan. Mucha suerte”. La Biblia, de hecho, no permite esta separación.

  10. Aún con los conflictos que la teología católica pueda tener con otras tradiciones, su doctrina no tiene las características de los grupos cultistas. El catolicismo afirma lo que muchos cultos niegan y posee cimientos ortodoxos que ningún culto posee.

En resumen, un culto emerge generalmente como un grupo que rechaza la ortodoxia y permanece fervorosamente aliada a la herejía. Para algunos, al catolicismo se le puede acusar de agregar material inconsistente con la ortodoxia que la conforma. Pero considerarla un culto sería una opinión mal informada y demasiado simplista.

Ahora bien, dentro de la Iglesia Católica si ha habido casos en los que se han formado especies de “cultos” , en los que determinada persona ocupa un lugar de suma importancia. En el futuro analizaré quizá un par de grupos cuyas actividades y normas sugieren comportamientos cultistas, cuyos líderes quizá y a pesar del bien que hayan hecho han llegado a despertar sospechas respecto a sus motivos de formar una nueva orden dentro de la Iglesia a la que pertenecen. Ese será tema para otra ocasión.

Por último, recomiendo leer el artículo lista de características de cultos y compararlo no solo con la tradición católica sino con cualquier grupo o tradición al que el lector pertenezca.

Tolerancia religiosa

Tolerancia significa aceptar que algo es falso; dejando, sin embargo, que siga su curso. Pero a lo que uno suele referirse al hablar de tolerancia es de tolerancia dogmática teorética, la cual la Iglesia Católica no admite porque promueve la indiferencia y aprueba la falsedad.

Para la Iglesia Católica es necesario mantener una postura de intolerancia dogmática porque la salvación de cada individuo es lo que está en juego. Y esa es la postura actual de la Iglesia que fundó Cristo.

Quizá de lo que yo he pecado ha sido de escribir invectivas, y eso ha hecho que más de uno se sienta atacado a pesar de que el objeto de crítica es determinados dogmas y determinados promotores de esos falsos dogmas. Quizá esas invectivas lastimen en parte mi propósito de mantener este blog.

Mas no se me puede acusar de intolerante porque la intolerancia, cuando sirve a la verdad, no es algo que pueda criticarse. En su doctrina, la Iglesia debe mantener la misma intolerancia que su Fundador, Jesucristo, proclamó:

Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.” Mateo 18:15-17

Los Apóstoles ciertamente consideraban malvadas a las falsas doctrinas. Un ejemplo de su actitud para con ellas está en lo que dijo el Apóstol Pablo:

“Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!” – Gálatas 1:8

Poncio Pilato, a pesar de su error, tuvo la audacia de colocar la inscipción “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos” sobre la Cruz. Esto a pesar de la presión de la sociedad judía. Al ser criticado, les respondió “Lo que escribí escrito está”. De la misma manera, si he hasta ahora lastimado la sensibilidad de algunos al exponer ya sea la verdad u opiniones informadas, lo siento pero lo escrito escrito está.

Ahora bien, San Agustín dijo:

Amen a la humanidad, destruyan el error, sin orgullo sean audaces en la verdad, sin crueldad luchen por la verdad”.

Tomaré esto a pecho y pediré a Dios me de la virtud de la caridad cristiana., en la esperanza de que de esta manera la falsedad sea más fácil de reconocer y la verdad sea más fácil de asimilar.