
Santa Biblia
La Biblia es considerada una de las grandes obras de la literatura, independiente del valor espiritual que pueda tener. No es un solo trabajo hecho por una sola persona. Es una colección de libros escritos en diferentes lugares, en tres diferentes lenguas, y por personas de diferentes estilos de vida. Extrañamente, los libros de la Biblia no se contradicen entre sí.
Es imposible probar que la Biblia es la palabra de Dios científicamente, y es claro el por qué: Dios no es algo que pueda medirse ni cuantificarse ni analizarse en un laboratorio. Pero sí podemos “detectar” la influencia de Dios en algo basados en la evidencia que se nos presenta.
Lo que debe probarse es si la Biblia es en realidad un registro de las palabras que Dios ha dado a la humanidad, y no simples palabras humanas sin inspiración divina.
Claramente un libro escrito por Dios debe forzosamente ser un libro singular y muy diferente a otros. Por lo tanto, para considerar la posibilidad de que la Biblia haya sido en verdad inspirada por Dios debemos exponerla a una serie de pruebas estrictas que nos permitan tomar una decisión certera respecto a este libro o conjunto de los mismos.
Dado a que este blog está dedicado a la crítica de movimientos cúlticos, y estos mismos por lo general no niegan la existencia de Dios, no me ocuparé de discutir si Dios existe o no ni si Dios quiere o no establecer una relación con la humanidad. Tomaré por hecho que la mayor parte de los lectores de este artículo creen que Dios existe y que quiere relacionarse con nosotros.
Dicho esto, enumeraré lo que el autor Josh McDowell sugiere que serían las características de un libro inspirado por un Dios que busca relacionarse con la humanidad.
- Debería estar ampliamente distribuido para que sea de fácil acceso.
- Debería haberse preservado perfectamente al pasar el tiempo.
- Debería ser históricamente correcto.
- No debería tener la tendencia a cometer errores de carácter científico ni a creencias falsas mantenidas por la humanidad en el tiempo en que el libro haya sido escrito.
- Debería presentar respuestas verdaderas y unificadas a las preguntas difíciles de la vida diaria.
La Biblia es el único texto religioso que cumple con cada uno de esos puntos. Y no es por insultar otros textos ni estoy negando su valor como guía para las culturas de las cuales se originaron. Reconozco los méritos de otros libros sagrados los cuales, con el paso del tiempo, han sido guias de moral y virtud para sus pueblos creadores. Sin embargo, la Biblia es aún superior y trataré de demostrarlo.
Un libro inspirado por un Dios quien quiere relacionarse con su creación debería estar ampliamente distribuido para que esta última, la humanidad, no tenga dificultad en escuchar lo que Dios tiene que decir. La Biblia es el libro más publicado en toda la historia y tiene la distribución más amplia de todos. Ningún otro libro ha sido traducido en tantas lenguas. Es el mayor “Best Seller” de todos los libros.
Dicho esto, puede decirse con certeza que la Biblia, inspirada o no, sin duda cumple con el primer requerimiento para un libro supuestamente inspirado por Dios. Ningún otro texto cumple con este requerimiento de manera tan contundente.
El segundo requerimiento para un libro de inspiración divina es que debe resistirse al paso del tiempo. Respecto a esto, puede sugerirse que la Biblia no ha resistido el paso del tiempo porque, a través de múltiples copias y traducciones, podrían haberse perdido algunas palabras o algunos versos podrían haberse traducido incorrectamente. Pero, aunque eso ocurriese, no importa mientras se puedan descubrir dichos errores y que se pueda saber el significado original de determinado mensaje.
Los escritos Bíblicos originales se han perdido ya, porque fueron escritos en materiales de vida corta. Sin embargo, sí existen manuscritos de los originales los cuales pueden compararse para descubrir con bastante certeza lo que estaba escrito en los originales. De hecho, hay una cantidad enorme de manuscritos del Nuevo Testamento lo cual permite estar seguros de que su mensaje contenido en los textos originales no se ha perdido. Y por si fuera poco, los manuscritos del Nuevo Testamento fueron escritos muy poco tiempo después de sus originales (algunos solo 3 ó 4 décadas), disminuyendo la probabilidad de que su mensaje sufriera corrupción.
El Antiguo Testamento no tiene la cantidad de manuscritos del Nuevo, pero hay numerosas fuentes antiguas que lo citan o lo contienen en su mayor parte: Los manuscritos del Mar Muerto y la Biblia Septuaginta, junto con otros textos hebreos antiguos.
En cuanto a los hechos narrados en un libro inspirado por Dios, estos deben ser descritos sin error. Existen numerosas fuentes no bíblicas que están de acuerdo con los hechos históricos como son presentados en la Biblia. El Talmud, la iglesia cristiana primitiva, el testimonio del historiador del siglo I, Flavius Josephus, así como los testimonios de otros historiadores de la época. Incluso los descubrimientos de la arqueología a su vez prueban la veracidad histórica de la Biblia.
Además, no hay nada que indique que quienes escribieron la Biblia hayan tenido la intención de engañar. En el caso específico de los apóstoles, fueron privados de su libertad y ejecutados por sus creencias. Si lo que escribieron hubiera sido una mentira con el fin de obtener algún tipo de ganancia, pienso que lo hubieran confesado para salvar su vida. ¿Quién en la actualidad moriría por defender el Evangelio Acuariano de Jesús el Cristo? ¿Quién, real y libremente (sin manipulación psicológica ni consumo de estupefacientes), daría su vida por defender las “enseñanzas” y postura de su “guía espiritual”?
Inclusive podría concluirse, leyendo la Biblia, que de alguna manera sus escritores tenían conocimientos respecto al planeta en que vivían que no eran precisamente comunes en el tiempo en que vivían. La redondez de la tierra, el que la tierra no está montada sobre una tortuga ni es cargada por un gigante llamado Atlas ni es llevada sobre las espaldas de unos elefantes. El que el sol no era un dios, como pensaban los antiguos egipcios, sino un producto más de la creación, etc.
Si bien la Biblia no es un libro de ciencia, cuando toca temas relacionados habla de ellos consistentemente con los conocimientos que tenemos ahora.
Pero la Biblia misma es una prueba más que sugiere fuertemente que es la palabra de Dios. Y es que la Biblia es una colección de libros (72 para los católicos) que hablan de todo lo referente a la experiencia humana. Todos estos libros, escritos a lo largo de 1500 años, fantásticamente se apoyan entre sí. No se contradicen mutuamente, a pesar de haber sido escritos por personas de diferente origen y vida, en tres diferentes lenguas, y en diferente tiempo. El solo hecho de que la Biblia exista, considerando esos hechos, es un ejemplo de una increíble cooperación que lo pone a uno a considerar seriamente algún tipo de coordinación divina. Incluso si lo vemos desde el punto de vista protestante, considerando que dichas iglesias consideran que la Biblia tiene 66 libros escritos por 40 autores: sigue siendo algo realmente increíble.
Jesús mismo aceptaba las Sagradas Escrituras como la palabra de Dios.
Por último, la Biblia es un libro especial porque, entre otras cosas, está repleto de profecías. La misma Biblia declara que si algo o alguien profetiza algo en nombre de Dios y no sucede, no fue en realidad palabra de Dios.
Dicho esto, podemos ver numerosas citas en la Biblia en la que se profetiza algo y sucede. Pero estas profecías tienen lujo de detalle: La Biblia da nombres, da situaciones, da cantidades y nombra lugares, y estas cosas sucedieron. La Biblia cumple con sus propia norma probando que no es un libro cualquiera. De pronto, no parece tan descabellado creer que en efecto la Biblia contenga las palabras del Dios vivo.
El hecho de que la Biblia sea un artículo común no significa que sea un libro común. De hecho, el que sea fácil de obtener es una bendición por la que, creemos los cristianos, debemos estar agradecidos a Dios porque muestra Su voluntad de tener una muy real relación con nosotros.
Lean su Biblia, y léanla con espíritu de humildad. Las respuestas que buscan están ahí, no ocultas como proclama la hermenéutica sino al descubierto para cualquiera tenga acceso a ellas. Dios quiere que todos -todos- escuchemos su palabra.
La fe en Dios no es iniciática: todos, no nada más ciertas personas con determinada preparación o conocimiento, tenemos el derecho, dado por Dios mismo, y la oportunidad de escuchar lo que Él tiene que decir.